martes, 12 de diciembre de 2006

El Papa y la Papa

A continuación les quiero dejar con una fábula que muestra el cómo pudo haber llegado a convertirse en tan famosa y necesaria mundialmente la papa, así como también lo importante que fue y ha sido siempre para los indígenas suramericanos.

"De cómo la papa de los Incas tuvo que ver con el Papa de los Cristianos"
A principios del primer milenio cristiano, uno de los gobernantes del Incanato, el Inca Manco Papac, se hizo a la mar con destino a Oriente, con una flotilla de barcas de totora (las mismas que aún se ven hoy en el lago Titicaca, como legado elocuente del pasado). Su misión era llevar a los pueblos europeos el conocimiento de la papa, el cultivo sagrado de los Incas, en torno al cual éstos habían edificado su portentosa cultura.
La flotilla atracó en Italia, donde, por los designios de la Providencia, la augusta delegación incaica tuvo al desembarcar, como primeros interlocutores, a un grupo de cristianos que huían de la persecución romana, en medio de las carencias propias de los perseguidos, entre las cuales estaba la falta de alimento. Los cristianos, liderados por un maestro espiritual de nombre Pedro, superaron su inicial desconcierto y recelo frente a aquellos extraños seres que desembarcaban ante ellos, cuando los Incas como primera cosa- y en cumplimiento de la sagrada misión que se encontraban- les presentaron una generosa provisión del noble tubérculo, que prepararon de forma suculenta para el consumo de los hambrientos cristianos.
Pedro vio en tal acontecimiento una prodigiosa manifestación de auxilio divino. El alimento obsequiado por los curiosos visitantes, en verdad, sabía delicioso, e insuflaba maravillosa energía en los débiles organismos de los cristianos.
Al preguntar Pedro por el nombre de aquel salvador comestible, Manco Papac respondióle: "Papa", añadiéndole que su título de gobernante incaico (sobre todo el Papac) tenía que ver con un augusto linaje de cuidadores de la papa del cual él era heredero. Pedro, recurriendo a nuevas ingeniosas gesticulaciones, preguntóle entonces a Manco Papac como se sabía cuando la papa alcanzaba su punto ideal de cocción. "El humo blanco es la clave"- contestóle el Inca, con sus propios, no menos ingeniosos, recursos gestuales. Complacido con la gran acogida e interés que haya suscitado entre aquellos seres de piel blanca, la entrega de la papa, el soberano Inca instruyó a sus sacerdotes para que empezaran el ritual que debía acompañar a la acción de la entrega. Después de una deslumbrante ceremonia que dejó a Pedro y a sus seguidores maravillados, Manco Papac pareció entrar de repente en un trance con el Tata Inti, el Dios del Sol de los Incas.
Luego del trance, con un gesto presuroso, el Inca instruyó a su séquito a empacar sus pertenencias para hacerse de nuevo a la mar. Manco Papac trató de explicar a Pedro que el mensaje del Tata Inti le indicaba que debía hacerse otra importante entrega de papa en el Inglaterra, antes del próximo cambio de luna (entrega que tenía gran repercusión para el futuro europeo, pues la papa se convertiría en el nutrimento básico de los obreros del norte de Europa que sustentaría posteriormente a la Revolución Industrial)

A medida que los navegantes se alejaban en el horizonte, Pedro reflexionaba sobre las enseñanzas de aquel prodigioso encuentro, que seguramente podían encerrar algunas claves importantes para la misión cristiana. Para meditar sobre ellas, se excusó con sus seguidores y se enrumbó a un solitario monte cercano. Al rato volvió con aire iluminado para compartir con sus expectantes seguidores lo aclarado. Sentenció entonces Pedro: " En reverencia a éste alimento salvador que nos ha mandado Dios, de nombre "papa", el gobierno espiritual que planeamos instalar en seguimiento de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, llevará el nombre de "Papado". La única diferencia fue que Pedro, prefirió utilizar como título de líder del Papado a la designación de "El Papa"- a pesar de que había notado que los Incas hablaban de la papa. Y en cuanto a la elección de el Papa- continúo Pedro- El Papa será conocido de la misma forma en que se conoce cuándo está lista la papa: con la salida del humo blanco. Así se consumaron importantes aportes del Incanato al naciente cristianismo, cuyo recuerdo se fue perdiendo en el paso del tiempo, hasta no quedar nada de el cuando los conquistadores y el cristianismo invadieron a América, siglos después, para someter la cultura indígena que antes tanto le hubiese dado a Europa a través de la papa ( y que sigue dándole en la actualidad a todo el mundo, pues la producción anual de papa, hoy extendida por todo el orbe, vale más que todo el oro extraído de América por los conquistadores durante todo el período colonial.



2 comentarios:

Mil Orillas dijo...

Jaja! Está muy bueno, Federico, una perspectiva diferente. Me encanta! (Sin papa no se puede vivir!)

Mafe Tischler dijo...

Entonces... A papear se ha dicho!