jueves, 28 de enero de 2010

Pidiéndole a San Pantaleón y con moneda bajo el plato

Me crié comiendo ñoquis y gnocchis...
He escuchado muchas historias del porque tenemos que comerlos los días 28 de cada mes y hay dos que son las que más me gustan.
La primera tiene que ver con la prosperidad y la celebración por el recibimiento del pago quincenal, teniendo que colocar una moneda bajo el plato.
La otra es honor a San Pantaleón, Santo del Veneto, quien fuese un médico Hindú que peregrinó por Italia y se le rinde homenaje con dicho plato.
También y gracias a las guerras que sucumbieron Italia, se sufrió una escasez del trigo y con ello se tuvo que buscar sustitutos a éste ingrediente como principal elemento de dicha masa.
Con la papa se logró unificar los huevos y el aceite de oliva, creando una masa elástica y manejable, adaptable y versátil que caló y se ha mantenido como emblema de Italia y sus colonias.
Hay miles de recetas basadas en los ñoquis, pero ninguna penetra en mi memoria como los que hacía mi abuela y luego enseñó a mi mamá, quien los aprendió a hacer muy bien.
Y acá hago hincapié en los recuerdos familiares y traigo a colación la famosa frase que reza todos los diciembre en Venezuela, que haciendo alusión a las hallácas dice "que las mejores las hace mi mamá". En mi caso no es ni será así... más en el tema del ñoqui no entra discusión ni debate.
No hay ni habrá mejores ñoquis que los de mi abuela!
Ojo! y eso que he probado unos cuantos muy buenos. Los de Idiazabal que hacen en Mugaritz son simplemente delicados y geniales; los de aceitunas negras de Cracco en Milano increíbles; los de Sandro Mazzucato hechos de mañoco con ragú de chiguire y picante de fama son extraordinarios, pero ninguno les llega a los talones a los que hacía la Chiche.
Ya no tengo la suerte de seguir llenándome el alma con las ricas almohaditas de papa que hacía mi abuelita, pero me reconforta saber que la Chela los aprendió a hacer y con ello une en la mesa recuerdos y emociones familiares.
Hay miles de recetas para hacer los ñoquis y de seguro lo más importante es saber escoger la buena papa que nos dará un buen puré. No hay pa donde agarrar!
Así que haciéndolos o comiéndolos hechos por otros, aprovechemos que es 28 y comamos ñoquis (sonó como comercial criollo, no?), recordando la moneda bajo el plato y con los seres que amamos a nuestro lado.

3 comentarios:

graciela dijo...

Comparto lo que dices, ya que los ñoquis de la abuela eran fabulosos: la masa, la formita, la salsa!!! Todo un poema. Lindo recuerdo, hijo.

Anónimo dijo...

Yo quiero ñoquis cualquier día del año, pues bien hechos, son incomparables!

graciela dijo...

Querido anónimo: yo también quiero ñoquis cualquier día, pero BIEN HECHOS, claro.